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Y tú, ¿de qué trabajas? “De 9 a 7 hasta los 67″

jubilacionSi observáramos el recorrido laboral y profesional de cada persona al final de su vida, nos encontraríamos con distintos sucesos, cambios, anécdotas, satisfacciones o frustraciones. Y a este sentido nos surge una pregunta: ¿De qué podríamos valorar si el camino laboral recorrido ha sido exitoso?

Desde una perspectiva amplia el éxito no se mide únicamente por los factores externos como el dinero, la fama o el prestigio. Deberíamos incluir también factores como el grado de satisfacción personal, el disfrute y la alegría experimentada, el valor aportado a los demás, las relaciones personales mantenidas con otros, o el entusiasmo, motivación e implicación que hayan prevalecido a lo largo de toda la carrera laboral o profesional.

Podríamos afirmar que tener un trabajo en sí mismo no es garantía de felicidad laboral. Todos tenemos esto claro. Es por ello que conviene ser honestos con nosotros mismos y preguntarnos de tanto en tanto: ¿me siento contento con mi trabajo?, ¿lo hago por obligación y solo por la necesidad de ganar dinero?, ¿estoy dando lo mejor de mí?, ¿me gusta lo que hago y la forma en que lo estoy haciendo?, ¿me agrada lo que hace mi empresa?

Sin embargo, ante este tipo de preguntas pueden pasar dos cosas. La primera es que, simple y llanamente, no queramos hacerlas por resultarnos incómodas o, por que si las hiciera, tengo miedo de deprimirme o llegar a la conclusión de que debo tomar decisiones que no me gustan y que me generan inseguridad. La segunda es que demos por sentado que éstas son absurdas porque creemos utópico y fantasioso el pensar que podemos estar contentos con nuestro trabajo.

Ahora bien, el peligro de no mirar dentro y de cuestionar cómo nos sentimos con nuestra vida laboral, es reprimir, negar o ignorar cualquier signo de insatisfacción, frustración y desmotivación. Y esto se puede convertir en un autentico problema que está afectando a muchas personas hoy en día. Problema que les hace  trabajar con hastío, yendo a pasar el rato y “cumplir” estando hartos semana tras semana y esperando a que dé la hora de salir. Maldiciendo a los superiores y a la empresa en la que trabajan, sintiéndose resignados y moviendo papeles para que parezca que están haciendo algo y, en definitiva formando parte del grupo de personas que ante la pregunta ¿y tú de que trabajas?, podrían responder de forma definitoria: “Yo, de 9 a 7 hasta los 67”.

Esto es a lo que Lotfi El-Ghandouri  se ha referido de forma extensa y brillantemente documentada, en su libro “El Despido Interior”. En sus palabras, el despido interior se define como “la renuncia a poner empeño en el trabajo”,  y  “el resultado final de un largo proceso de vivencias negativas en el trabajo. El trabajador se distancia de sus funciones, sin llamar la atención y pasando inadvertido, evitando conflictos”.

El autor continúa diciendo: “El Despido Interior se activa tras habernos enfrentado a una serie de situaciones que nos van llevando a tirar la toalla poco a poco por no haber obtenido los resultados y la satisfacción que esperábamos. Y entonces empezamos a distanciarnos, participando cada vez menos, colaborando lo justo, evitando asumir responsabilidades, volviéndonos individualistas, desarrollando estrategias para aparentar estar ocupados, para evitar ser molestados o levantar sospechas. El trabajo empieza a convertirse en una fachada detrás de la cual nos podemos esconder para dedicarnos a lo que nos entretiene y matar el tiempo. Ejecutando todo de forma automática y rutinaria, apagados a nivel mental y emocional.”

Está claro que hay muchos factores externos a uno mismo que influyen en el hecho de llegar a este estado de desmotivación e insatisfacción interior: políticas controladoras y desalentadoras de empresas que no fomentan la creatividad y el reconocimiento profesional de sus empleados, jefes que descargan su incompetencia y frustración sobre sus subordinados directos, prácticas burocráticas empresariales más propias de la era industrial, la ineficacia de las esferas políticas para regular el mercado de trabajo y de empleo de forma que fomenten la justicia laboral y la igualdad de oportunidades, y muchos etcéteras que nos hacen entender el desaliento de muchos trabajadores.

No obstante y a pesar de todo esto, al final debemos estar atentos para no caer en la trampa de eludir nuestra fuerza y responsabilidad personales para gestionar nuestra vida de la mejor forma posible. Podemos ser críticos con los factores externos, estar en desacuerdo, mostrar nuestra disconformidad y expresar nuestras quejas ante ellos, siempre y cuando esto no nos sirva como excusa para no tomar nuestra responsabilidad sobre nuestras decisiones y para no emprender las iniciativas que consideremos apropiadas para remontar, o no dejarnos caer, en el despido interior.

Anímate a ser honesto contigo misma o contigo mismo para reconocer tu sentir con respecto a tu vida laboral. Hazlo sin miedo a las consecuencias, reconociendo tu verdad interior y confiando en que de la misma forma que tus sentimientos te hablan de lo que no te hace feliz, éstos también son parte de tu guía interior. Tu intuición te mostrará los pasos adecuados, los momentos oportunos y las decisiones que surjan desde tu corazón para llevarte por el camino del crecimiento y de la satisfacción, dando lo mejor de ti ahora en el sitio en el que estés o en otros entornos o circunstancias diferentes.

La Felicidad Laboral comienza en tu corazón.

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Categoría: Artículos
  • José Vera comentó:

    Al igual que cuando un empresario (o el directivo que le representa) toma la decisión de despedir a un empleado por cualquiera que sea la causa, cuando uno mismo se encuentra en la situación (tan bien descrita en tu articulo) de un “Despido Interior”, lo mejor que puede hacer es empezar a buscar una alternativa de ocupación llamada de las de “no ocio” (negocio), con el fin de solucionar dicha incomodidad.
    Soy consciente de que, en los tiempos que nos toca vivir ahora, no es tan fácil encontrar una alternativa; de ahí la importancia de construir nuestra propia “empleabilidad” (palabra todavía no integrada en el diccionario de la RAE, cuando se han apresurado a admitir otras menos urgentes como “guay”), con el fin de tener siempre a mano un “plan B”.
    Alternativa que puede ser “más de los mismo” (“De nueve a siete hasta los sesenta y siete”) o ser capaz de imaginar una solución más independiente.
    Personalmente, dentro de mi experiencia laboral, he vivido una situación que se puede calificar como “Despido interior” y no dudé en salir al “mercado” para buscar una alternativa.
    En resumidas cuentas: ¿Conduces? o ¿Te conducen?
    Saludos.
    José Vera.

    • felicidadlaboral comentó:

      Gracias José por tu post. Es cierto que es mejor para muchos conducir que ser conducido.

  • Employee engagement comentó:

    Muchas gracias por el artículo la verdad, es muy ilustrativo y pese a todo optimista. Estaba buscando información sobre la felicidad laboral y he encontrado el artículo pero me ha enganchado y he acabado por leérmelo entero. Muy didáctico e interesante.

    Felicito al autor/a y os agradezco la información.
    Que acabéis de pasar un buen día,
    Diana.

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